La carretera

A este lado del autobús mi mirada ha cambiado.

Siempre me ha gustado viajar de noche en autobús o en tren y observar así por la ventanilla las ciudades y pueblos nocturnos que van quedando a los lados de la carretera, y que a lo lejos son pequeños islotes flotantes de luz, y de cerca se muestran misteriosos rodeados de tonos amarillos y sombras.

Ahora, en este viaje tan parecido a otros, descubro tras el cristal esas imágenes de siempre, pero a este lado del autobús mi mirada ha cambiado. Ahora miro más lejos todavía, o más dentro, y con los ojos bien abiertos recuerdo otro paisaje de lámparas de queroseno y calles mal iluminadas por una sola bombilla parpadeante. Y me recuerdo allí apoyada en una palmera preguntándome cómo podría volver a mi mundo después de haber conocido aquel.

En esta carretera sin hoyos y este sillón tapizado que nada tienen que ver con aquella otra vida, entre la oscuridad parcial del camino y las islas de luz a los lados, se abre un agujero negro por el que regreso a una Nicaragua tal vez más cierta, y este mundo de aquí comienza a desdibujarse.

Ahora, en este viaje tan parecido a otros, sólo quisiera encontrar un lazo que uniera esos dos mundos.