Cosas de casa

Cuando era pequeña había cosas que no faltaban en casa: un lápiz, una regla, una barra de pegamento Pritt, una goma de borrar Milan…

Ahora me acuerdo de estas cosas cuando me hacen falta. Tengo un fax (lo recogí de la basura, cuando ya nadie lo usa, y me dio pena pq funciona perfectamente), una impresora, un ordenador portátil, varios teléfonos (fijo, móvil, usb)… pero no tengo una goma de borrar, y en este momento, en el que estoy escribiendo con un portaminas sobre medio folio, preparando la planilla del próximo número de mi revista, necesito una goma de borrar de las de toda la vida para corregir algunas cosillas.

Ayer, además, eché en falta el pegamento, para pegar los puntos del supermercado (hay una nueva promoción por la que conseguir a mitad de precio toallas y albornoces) en el papel correspondiente. De todas formas, aunque los tengo ahí descolocados, estoy contenta, porque como nunca tiro nada, tenía guardados todavía unos de la promoción anterior, que ahora también me sirven para ésta, y estoy a solo dos puntos de un albornoz azul.

También echo de menos el montón de cachivaches que tiene mi padre en la terraza y en el camarote. Ahora me vendrían muy bien para arreglar una silla de mi terraza y para inventar algo con lo que arreglar la base del flexo de un amigo.

Cuando llegué aquí compré un martillo, unos alicates y algunos destornilladores. También clavos, escarpias y chinchetas. Ahora mismo, en el salón, el martillo está sobre el tomo A-H del María Moliner. Pero todavía me faltan muchas cosas para que ésta sea una casa de verdad: pilas, bombillas, cajones llenos de pañuelos de papel, botones, hilos, un cable alargador, un cajón de retales, un compás, una escuadra, rotuladores, pinturas de cera, una cajita de música llena de abalorios, un álbum familiar de fotos…

Me pregunto si algún día me habré parado el tiempo suficiente en un lugar como para poder encontrar de todo en casa.