De cómo nunca conocí a la Gaite

Supe de la muerte de Carmen Martín Gaite por el telediario. Fíjate que nunca lo veo, pero mi padre tenía encendida la tele y yo a lo tonto eché la vista no tanto a las imágenes, sino a las bandas abajo con los titulares. Y ahí ponía: «Murió abrazada a sus cuadernos» y supe como un relámpago que se referían a ella, solo a ella le podían dedicar ese titular en un telediario, y lo supe antes de fijar realmente la vista en las imágenes y ver que no me equivocaba. Me dio un vuelco todo, ya ves, como si me hubieran vaciado de repente, y no tenía ningún sentido sentirse así, porque nunca la había conocido, y al mismo tiempo tenía todo el sentido sentirse así, porque nunca la había conocido. No había acabado el telediario cuando sonó el teléfono (el de casa, no había móviles entonces), era mi amigo Manolo, desde Madrid, para darme el pésame. La Gaite había llamado a su casa cuando yo estuve en Madrid y no existían móviles y la manera de comunicarse era un papelito en el buzón con un número de teléfono apuntado en boli bic. Y en casa de Manolo respondió su hermano que dijo: «no, aquí no vive ninguna Nuria» y así fue como nunca conocí a la Gaite.