Aeropuertos

Tengo la sensación de que todo en mi vida está en continúo movimiento. Me acaba de llamar Paolo, mi vecino italiano (en realidad ya no vivimos en la misma ciudad, pero para mí Paolo siempre será «mi vecino»), desde el aeropuerto de Barcelona. Llegó ayer de Italia y me llamaba justo antes de embarcar para Argentina, adonde va movido por lazos sentimentales de los que fui testigo de excepción, y que comenzaron en el viaje que hicimos él y yo juntos hace dos años por aquel país.

Yo también tengo una historia que contarle. Una historia en dos mitades, una aquí y otra a «tan sólo» mil kilómetros de distancia. Nos hemos reído. Esa distancia es uno de los guiños que existen entre Paolo y yo. Estábamos en Argentina y un amigo mío acababa de moverse de Buenos Aires a Corrientes por motivos de trabajo. Quisimos ver en una guía dónde estaba Corrientes, y leímos: «Corrientes, a tan sólo mil kilómetros de Buenos Aires…». Creo que fue entonces cuando tomamos verdadera conciencia de las dimensiones de aquel país.

Según hablábamos de estas distancias y de posibles encuentros, se oían los mensajes de megafonía. Paolo siempre me llama desde un aeropuerto, nos hemos reído también pensándolo. Aviones que van y vienen y personas que tienen que embarcar en distintos viajes. Como Paolo, como yo misma.

La ciudad que él y yo compartimos durante tres años no deja de moverse, y para no perdernos nosotros tenemos que hacer lo mismo.

Está desapareciendo poco a poco, y conscientes de ello estamos construyendo otras ciudades. Sólo hemos puesto unos pocos ladrillos, y aún no sabemos si están bien nivelados, pero en medio de las dudas y los miedos ésta es la apuesta que hemos hecho y queremos mantenerla en pie.

Me gusta hablar con Paolo desde lugares de paso. Nuestras voces, cada una a un lado del teléfono, llevan dentro de sí un camino que comienza o continúa, y al mismo tiempo son también un espacio en el que todo es más pequeño y familiar. Son el rincón en el que nos mantenemos quietos sonriendo en medio de tanto movimiento, cogemos aire, y seguimos caminando.